COTIDIANIDAD VS REFLEXIÓN PROFUNDA
Iniciar un curso de filosofía en el bachillerato es un gran reto para los profesores que osamos orientar esta asignatura. De entrada nos encontramos con las limitaciones de administrar un programa que abarca tanto que es insuficiente en dos años poderlo ver con una profundidad respetable. A lo anterior se agregan las exigencias que provienen de los resultados del Icfes, los cuales se emplean como medidores de calidad del aprendizaje de los y las estudiantes. Es decir, los mide el Estado ( y con ello in-directamente a los docentes del área) de acuerdo con una prueba cuyos resultados no siempre reflejan aquello que el estudiante sabe. Sin embargo, de dichos resultados numéricos dependerá, en no pocas ocasiones, su futuro universitario. Entonces, se suma a la asignatura extensa el responder a la "calidad institucional" a través de los resultados Icfes. Y si, finalmente, se le suma una actitud que hemos ido formando en los estudiantes de inmediatismo y superficialidad, de buscar resultados fáciles sin importar los medios para conseguirlos, entonces nos encontramos frente a adolescentes de décimo o undécimo grados, para quienes aprender a filosofar puede convertirse en un obstáculo a superar... qué dificíl es para algunos de nuestros estudiantes el participar en los conversatorios, debates y discusiones que alrededor de determinadas problemáticas son objeto de estudio en clase. Lamentablemente carecen de un sentido de realidad más amplio, están desprovistos en su mayoría de un bagaje cultural, propio de quien no sólo lee textos sino además sabe leer su realidad, siendo esto el reflejo frecuente de los entornos familiares en los cuales vive.
Así, se nos vuelve un reto procurar motivar a nuestros estudiantes hacia la reflexión profunda, hacia una argumentación que supere el sentido común y las opiniones sin mayor argumentación, para llevarlos hacia los terrenos de la crítica, de la toma de posición, de la defensa argumentada de posturas frente a determinado aspecto de la realidad o ante una situación que se esté presentando en nuestra vida cotidiana.
Les doy la bienvenida al nuevo curso de filosofía, con la angustia esperanzadora, junto con los demás colegas, de poder arrastrar con el ejemplo testimonial a los y las estudiantes que han iniciado su año escolar 2010.